En el ecosistema del Gobierno, donde la premisa es el alineamiento incondicional con "El Jefe", Patricia Bullrich ha comenzado a jugar un juego propio que incomoda al resto del Gabinete. Mientras los ministros cuidan cada gesto para no opacar a la cúpula -llegando incluso a demorar la presentación de sus declaraciones juradas para no dejar expuesto al jefe de Gabinete, Manuel Adorni-, observan con recelo cómo la titular del bloque de senadores se mueve con una autonomía que, para muchos, roza la insubordinación.
El "manual de supervivencia" ministerial
"Acá es saludo uno, saludo dos", grafican en los pasillos de la Casa Rosada. El temor a las represalias de Karina Milei instaló una disciplina monástica. Un ejemplo elocuente fue la reciente presentación de las Declaraciones Juradas: la mayoría de los altos funcionarios esperó el turno de Adorni para no generar ruidos innecesarios.
Bullrich, en cambio, ignoró la cortesía política y la presentó hace dos semanas, al marcar una distinción que en el "karinismo" fue leída como un desplante.
La guerra de los entornos
La tensión escaló con el retiro del pliego de la jueza Verónica Michelli. Desde el sector de Santiago Caputo responsabilizaron al "Equipo Rocket" -como apodan despectivamente al grupo de Martín Menem- por una "mala praxis" legislativa.
Sostuvieron que el envío del pliego fue un error administrativo que obligó a Bullrich a ensayar una "objeción de conciencia" pública para diferenciarse de una decisión que el Presidente no avalaría.
La interna también salpicó al área de Justicia, bajo la órbita de Juan Bautista Mahiques, a quien señalaron por idas y vueltas con pliegos supuestamente vinculados a la AFA. La suspensión de la mesa política semanal, que lidera la Secretaria General, fue el síntoma más claro de que el diálogo está congelado.
¿Renuncia o estrategia electoral?
Aunque Bullrich puso su renuncia a disposición tras el "tembladeral" provocado por sus críticas, Milei no la aceptó. En el entorno de la senadora aseguraron que "habló de otros temas" con el mandatario.
Sin embargo, en el PRO y en sectores de LLA, la sospecha es unánime: Bullrich está construyendo su propio camino hacia 2027, a pesar de sus desmentidas públicas sobre una nueva candidatura presidencial.